Estamos prontos a tener la primera ley de medios audiovisuales desde la vuelta a la democracia. Una norma aún perfectible, que es muchísimo mejor que la actual ley de la Dictadura, que inicia un proceso regulador tendiente a desmonopolizar y garantizar la pluralidad de voces, y que de ninguna manera puede ser considerada una “ley K”. Por el contrario, expresa los 21 puntos de la Coalición por una Radiodifusión Democrática y muchos otros aportes, y es el triunfo del arco social y progresista que logró modificar sustancialmente el proyecto original del PEN. El saludo de 30 universidades públicas del país lo demuestra. Lamentablemente, la reacción de los grupos mediáticos provocó confusión: los 25 legisladores denominados de “centroizquierda” fueron achacados de filo-k, cuasi-k, neo-k o directamente k. La campaña desinformante fue tal que los argentinos no hemos podido festejar el postergado anhelo de una ley que cumple con nuestros sueños democráticos.
Debemos recordar que tal desinformación es comparable a la que sufrimos en los 90. Quienes hoy cacarean, jamás intentaron debatir una ley de medios aún siendo gobierno, y esto no excusa al oportunismo oficialista. Fue la complicidad de esa dirigencia política y el discurso único neoliberal de los grandes medios la que permitió las privatizaciones y el saqueo del patrimonio público del menemato. Quienes nos opusimos sufrimos el duro silenciamiento. Fue así que a ningún medio periodístico le pareció relevante dar publicidad al mayor de los debates culturales de entonces: en el marco de la ronda del libre comercio del Gatt, los países europeos evitaron que EE.UU. pudiera ubicar a la cultura al nivel de industria. Se pueden importar técnicos para fabricar automóviles, pero no se pueden traer poetas o artistas para expresar el alma de un pueblo, su identidad cultural. Sobre estos temas, siendo diputado nacional, promoví encuentros con la participación de legisladores latinoamericanos y europeos, pero fueron ignorados en los medios de la época.
Estas formas de censura no llamaron la atención de la oposición conservadora que habla de “Ley K” para deslegitimarla, aún cuando el oficialismo contribuye a ello con los manejos autoritarios del debate y los negocios que abortamos. El ciudadano debe saber que esta ley que algunos llaman “fascista” es menos protectora que las leyes europeas o norteamericanas que se toman de espejo: estas normas obligan a cuotas de producción local y tienen una regulación más alta que la nuestra. Sus leyes antimonopólicas jamás permitirían –como en Argentina- que sólo cuatro operadores tengan 84% de la facturación y 83% del mercado. Por ello la votamos en general y contribuimos con grandes cambios, como la exclusión de las telefónicas. Se hubieran podido realizar varios más, si los radicales, el macrismo y el pejota-disidente, se hubiesen quedado en el recinto. A no engañarse: vamos a tener en democracia la primera ley de medios –aún mejorable- hecha por todos y para todos los argentinos.
Debemos recordar que tal desinformación es comparable a la que sufrimos en los 90. Quienes hoy cacarean, jamás intentaron debatir una ley de medios aún siendo gobierno, y esto no excusa al oportunismo oficialista. Fue la complicidad de esa dirigencia política y el discurso único neoliberal de los grandes medios la que permitió las privatizaciones y el saqueo del patrimonio público del menemato. Quienes nos opusimos sufrimos el duro silenciamiento. Fue así que a ningún medio periodístico le pareció relevante dar publicidad al mayor de los debates culturales de entonces: en el marco de la ronda del libre comercio del Gatt, los países europeos evitaron que EE.UU. pudiera ubicar a la cultura al nivel de industria. Se pueden importar técnicos para fabricar automóviles, pero no se pueden traer poetas o artistas para expresar el alma de un pueblo, su identidad cultural. Sobre estos temas, siendo diputado nacional, promoví encuentros con la participación de legisladores latinoamericanos y europeos, pero fueron ignorados en los medios de la época.
Estas formas de censura no llamaron la atención de la oposición conservadora que habla de “Ley K” para deslegitimarla, aún cuando el oficialismo contribuye a ello con los manejos autoritarios del debate y los negocios que abortamos. El ciudadano debe saber que esta ley que algunos llaman “fascista” es menos protectora que las leyes europeas o norteamericanas que se toman de espejo: estas normas obligan a cuotas de producción local y tienen una regulación más alta que la nuestra. Sus leyes antimonopólicas jamás permitirían –como en Argentina- que sólo cuatro operadores tengan 84% de la facturación y 83% del mercado. Por ello la votamos en general y contribuimos con grandes cambios, como la exclusión de las telefónicas. Se hubieran podido realizar varios más, si los radicales, el macrismo y el pejota-disidente, se hubiesen quedado en el recinto. A no engañarse: vamos a tener en democracia la primera ley de medios –aún mejorable- hecha por todos y para todos los argentinos.

4 comentarios:
Pino, tengo 17 años y, como se dará usted cuenta, me tocará votar en las presidenciales.
Estoy leyendo proyectos y proyectos políticos, incluyendo el suyo para poder hacer una elección responsable, sin embargo, déjeme decirle sin ningún ánimo de ofender, que el apoyo que ofrece a esta ley anticonstitucional me hace dudar seriamente de sus intenciones para con nuestro país, aunque es probable que sólo quiera el bien.
Usted decora el tema con que la anterior es una ley implantada por la Dictadura, aún habiendo teniendo cientos de cambios en la misma por las cámaras electas a lo largo de los años.
El proyecto actual tiene puntos claros que dejan ver su anticonstitucionalidad, podría citarle ejemplos concretos, porque yo sí comencé a leer el proyecto que MUY POCOS están intentando difundir.
¿Cómo se le pude decir a la gente, sin importar el grupo ideológico o comercial que lo haga, si está bien o no si pocos están ofreciendo análisis profundos y objetivos sobre esta ley?
Como ciudadana siento que mis derechos básicos están siendo atacados... y si no fuera tan así, el marco internacional no hubiese atacado tanto a esta ley ¿No le parece?
Si bien estoy a favor de quitar el monopolio mediático, estoy totalmente en contra del manejo de los medios propuestos, además de que atacan la propiedad de la gente y funden los pequeños proyectos de radio (por ejemplo), cortan las señales de alcance y es más, quieren decidir qué deben pasar y qué no.
Si el problema es con el monopolio que ejerce mayoritariamente el grupo Clarín, creo que podría replantearse la creación de una ley distinta a esta, que regule el monopolio y no sus contenidos, pues cada uno tiene derecho a decir lo que piensa sin agraviar a otros.
Pino Solanas se transformó en estrella mediática a través de TN, cuando dijo todo lo que los periodistas del grupo Clarín, La Nación y que el nuevo amigo Mariano Grondona querían escuchar: “Los Kirchner son lamentables”, “Los Kirchner son perversos”, “La política de los Kirchner es de superderecha”. O su frase católica: “Los Kirchner cometieron el pecado de soberbia”.
Todo este mensaje carriotista, hoy le juega en contra, no da el resultado esperado, no pocos desde los foros de los medios de comunicación insultan a Pino Solanas y no sin razón.
¿Cómo sostener el discurso anterior y votar un proyecto de ley de medios, que mal que le pese a Pino Solanas, la mayor impulsora fue la Presidenta de la Nacion y Mariotto, un “hombre ultra K”, como le gusta definirlo a la prensa?
Esa misma prensa que nunca ve ni ultrafinopalacios ni ultraclarinetes ni ultracargiles ni ultraglifosatos, fue la que avaló y magnificó el discurso preelectoral de Solanas.
Cuando alguien en vez de mostrar fallas en el gobierno habla en términos de fanatismo este discurso se paga duramente. Sectores desideologizados, que votaron a Macri hace cuatro años, y seguramente por sus bravuconadas baratas votaron a Pino Solanas en las últimas elecciones, ese sector tiene todo el derecho de hacerle su objeción.
La carrio-macrización del discurso de Solanas en tiempo de elecciones no daba lugar para los grises, cuando uno no es claro con los fines que persigue, y pone todo en términos de adjetivación el camino es uno sólo: El lugar del No.
Hoy Pino Solanas es preso de su propio discurso, intensificó la ignorancia de muchos ultras en épocas preelectorales, hoy esos mismos, están desencantados con sus últimas apariciones. Prefieren quedarse mirando TN: el mismo lugar desde donde creció políticamente el cineasta.
Sin Dioses, mira vos, ahora te agarrás de los comentarios en Crítica... ¿O tenés cara como para poner de ejemplo a La Nación? Primero vale aclarar que Crítica está lleno de "lilitos", y segundo que es lógico que siendo que a Pino lo voto el 24 %, todo el resto -salvo los de Heller- se quejen de su voto a favor de la ley de medios, porque sabemos que algunos le creen más a Patricia Bullrich y Macri lamentablemente.
Pero en proporción seguimos bien, es decir, no va cambiar mucho el escenario con esta decisión. Es más, su perfil de facebook mantiene superavit de "fans", aunque algunos dijeron que se bajaban "indignados" como señoras con ruleros.
Son pocos los dormidos que votaron a Pino pensando que era Carrio (sino la hubiesen votado a ella). Es comprensible que algunos "oposicionistas" se dejaran llevar por titulares grandilocuentes y oportunistas de ciertos medios y votaran a Pino como si fuera uno más, que algunos votaran a Pino sólo porque salió en TN, pero esos son los menos.
De última, acordate como arrancó Kirchner -poco conocido-, apadrinado por Duhalde, tuvo mucha gente de derecha a favor y hoy parte de esa gente se va con De Narváez ¿Te acordás cuando Clarín te ayudaba a ganar las elecciones? Por favor, de que costo político me hablas vos, como si nunca hubieran ido a TN en 6 años de gobierno, mientras ayudaban a que el monopolio creciera y tenían el beneplácito de los grupos concentrados...
Mira, la mayoría que vota a Pino lo vota para recuperar el petroleo, no para proteger la seguridad jurídica de YPF. Por ejemplo, yo soy militante de Proyecto Sur, y me hubiera dado por las pelotas que Pino votara en contra de esta nueva ley de medios, hasta me habría planteado dudas acerca de mi futura militancia, pero por suerte no fue así. Perderemos y ganaremos votos conforme pase el tiempo, así es la política, sobre todo la actual "telepolítica".
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